martes, 13 de enero de 2009

Esperar cuesta un zapato

Pese a que ya era las 9 de la noche todavía quedaban volando en el aire como mbopis en la noche que se estrellaban en tu cara el calor de 35 grados de nuestro tan conocido verano paraguayo. Acababa de subirme al auto y como si fuese un enfermo terminal en busca de oxígeno me abalancé sobre el aire y lo puse al máximo para sentir sus frescas lamidas en mi cuello y rostro. Z se subió con su sonrisa característica y al cerrar la puerta me dijo en forma cómplice: “ Ojalá que “allí” haya aire acondicionado verdad?”

- Si no hay nos rajamos a la pizzería que sí tenga, le respondí sabiendo que mi corazón empezaba a golpearme como batucada por la repentina imagen de un lugar sin aire en el que iba a consumirme quien sabe cuantas cervezas para aplacar nuestro tan característico clima.

Nos fuimos directo a nuestro destino comentando las posibles combinaciones que pediríamos esa noche para nuestra cena. Llegamos y ya al bajarme de el auto pensé en una champañera con dos ampollas sudorosas que estarían en mi primer pedido al mozo.

Lo primero que me sorprendió al llegar a la pizzería era que no sólo tenía aire – lo que me dio un gran alivio – sino que empecé a sudar pero porque nos abrió un bien vestido recepcionisto (si es que existe tal palabra) que hizo temblar mi muy escuálida billetera, que ya estaba sucumbiendo sus últimos días de sobrevivencia a mi aguinaldo. “kore, acá me van a desplumar” me dije para adentro mientras entrabamos ceremoniosamente al local y Z que me miraba con una mirada de culpa en cuyas pupilas se leían, “Disculpame mi amor, no sabía que era de tanto nivel”.

Pero como ya entramos que le íbamos hacer. Pasamos una vitrina que recibía a los clientes en cuyo interior había una pequeña ciudad en miniatura con distintos edificios bañados en nieve artificial que recordaba algún lugar de Europa, con parquecitos, gente, un portón en miniatura simulando la entrada a la ciudad donde habitara Santa Claus.

Pedimos una mesa para dos y nos ubicaron cerca de la cocina. Era un excelente lugar para ver como trabajaban en los pedidos y un deleite visual al ver las acrobacias del barman cuando preparaba tragos de lo más extraños.

Hicimos el pedido, previa dotación de las ampollas de cerveza que ya los tenía en la mente y nos pusimos a charlar mientras esperábamos nuestro pedido.

Entre charla y charla, como ya habían pasado 15 minutos y no se vislumbraba nuestro pedido, Z me hizo una pregunta capciosa

- Il Postino no es también una película??

Como estaba por la segunda ampolleta de cebada no me había venido a la mente ninguna película con ese nombre. Pensé, lo repensé y nada. Definitivamente no me estaban respondiendo las neuronas y le dije: “Creo que no hay”. “Yo creo que sí, porque no hacemos una apuesta?” me dijo con una sonrisa de oreja a oreja y un brillo especial en sus ojos. Al toque le respondí que no porque ya tenía experiencia en apuestas con ella y siempre lo había perdido, pero mi orgullo tamizado con alcohol hizo que preguntara muy seguro de mi mismo

- “Qué lo querés apostar?” – “Un zapato” me dijo al toque, sin dudar, como si la respuesta ya lo tuviera en la antesala del cerebro.

Solté una risa pues ella en materia del séptimo arte no era tan conocedora, y me volvió a preguntar: “Yyy?? Te animas o no?”. Y cómo ya había terminado mi segunda ampolla volví a llamar al mozo, pedí 2 más y le respondí con mis manos extendidas hacia ella: “Hecho”.

Pareciera que me vinieron un montón voces de todos lados que me decían, porque no te cercioraste primero boludo, pues, con el tema de tener internet en el celular, un simple click sobre google y ya tenía el resultado en mi pantalla.

Il Postino (también conocida como El cartero (y Pablo Neruda), El cartero de NerudaEl cartero) es una película en italiano de 1994 dirigida por Michael Radford la cual cuenta la historia real del poeta chileno Pablo Neruda y su relación con un simple cartero que aprende a amar la poesía. Está protagonizada por Philippe Noiret, Massimo Troisi y Maria Grazia Cucinotta.

Y bueno… es importante tener siempre en cuenta las facilidades que nos ofrece la tecnología para momentos en que la espera y una espumante bebida nos juegue una mala pasada.

Llegamos a su casa y una vez que entramos a su casa me trae en forma de trofeo y con una risita pícara un VHS en cuya tapa se leía dicha película. Ella tenía la película hace años porque le vino de regalo en una edición de una revista de moda. Mireeeeeeee el VHS y empezaron a venir a mi mente todos los avances, comentarios y demás yerbas sobre esa película que yo mismo lo había visto, pero con el título en español.

La kuña ko y formal chera´a.

PD: Ristorante Il Postino queda sobre la avenida Boggiani y es un excelente lugar para deleitarse con la mejor pizza que hasta hoy he probado en Asunción. Si van no se les olvide tener acceso a internet. Por las dudas… digo.


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