sábado, 3 de enero de 2009

Un, dos, tres, miro!

Los de la época de los setenta todavía nos es familiar este juego, consistía en ponerse contra la pared tapándose los ojos de espalda a los jugadores, contar hasta tres y decir “miro”, momento en que rápidamente se volteaba para atrás a ver si alguno de los jugadores se movían, pues, el objetivo era quedarse bien quietecito como estatua, de ahí si te movías perdías.

Las calles de nuestra querida Asunción están llenas de este juego con caras y animales que están quietos para cada persona que lo mire.

No capture la cantidad de flores y plantas pues lo voy a hacer en un próximo blog, pero los que pongo en este momento son unos pocos que pude apreciar en mis momentos de paseos urbanos.

Muchos son de artistas anónimos pero que dejando de lado el orgullo de ser famosos plasman su talento en estas obras, muchas de ellas sí tienen autores conocidos pero lastimosamente no están registrados dentro de mi disco duro cerebral, tal vez debería haber hecho un reserch de ellos pero me quedé con registrar sus obras con mi celular y ponerlos en mi blog.

Algunos de estos personajes están en lugares tan transitados pero tan difíciles de ver que uno tiene que estar cuidando de no caer en un bache cercano, porque están en salientes y mirando directamente a la vereda, otros sí son más fáciles de observar.

No quise poner las estatuas conocidas por todos, esas que están en los parques y plazas pues me parece que ya tienen su espacio de fama ganada, estos son diferentes.

Son pequeños, casi imperceptibles, escondidos, camuflados entre la selva de morteros, mezclas y ladrillos.

De todos el que más conquistó mi mirada es el que está sobre la calle palma adornando a una conocida tienda de electrodomésticos. Tiene un arte y una riqueza de detalles que parecieran de verdad, es una delicia arquitectónica que pocos han sabido apreciar pero que bien vale un comentario especial sobre esta obra genial. Les dejo dos imágenes para que hablen por sí mismas.

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